Cuando abrimos un libro todos somos migrantes

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Son muchos los mitos que rondan al tema migratorio, la implicancia de las fronteras y la realidad que viven quienes buscan un nuevo territorio. La literatura muchas veces se ha hecho parte de este proceso a través de sus escritos, donde ha quedado plasmado esta problemática, develando detrás de cada viaje distintas intenciones.

La migración se ha transformado en uno de los tópicos más recurrentes en la política de los últimos años, acompañada de cambios sociales y nuevas formas de comprender la globalización. Frente a esto surge un cuestionamiento sobre la implicancia de los procesos migratorios en la literatura, sobre la participación de los escritores en esta realidad nómade que nos acompaña desde tiempos antiguos y su rol crucial al retratar la figura del migrante a través de la historia.

La representación en la literatura de estos procesos remite a la construcción o destrucción de una relación con el otro, una obsesión por definir múltiples identidades y reacomodarse en el espacio ajeno. Se vincula con la literatura de viaje, la epopeya y las literaturas migrantes, desde la “Odisea” de Homero; pasando por “Los Viajes de Gulliver” de Jonathan Swift, hasta “2666” de Roberto Bolaño.

La creación literaria permite acompañar, denunciar, revelar aspectos de estos procesos y mostrar las grietas de los discursos más hegemónicos, propios de cada país. Cada estado soberano intenta delimitar su territorio y protegerse con la edificación de muros fronterizos, artefactos espectaculares que, más que reforzar el control, demuestran una ausencia total de control en la era de la globalización. Pensemos en las propuestas políticas de Donald Trump para reforzar el límite entre México y Estados Unidos, o la de Viktor Orban en la frontera de Hungría con Serbia, Eslovenia y Croacia que pretende contener la inmigración del sur. La contradicción inherente a las fronteras, entre clausura y pasaje, ha inspirado muchos escritores en el mundo y en América Latina tal como Yuri Herrera en “Señales que precederán al fin del mundo”.

Con respecto a una estrategia proteccionista, en un artículo del New York Times de diciembre de 2016, aparece la siguiente interrogación, “Después del Brexit ¿La novela se verá afectada?”. El autor rumano Claudiu Florian usa una comparación feroz: los escritores como el chacal, se alimentan de los cuerpos. Necesitan la emoción ligada al conflicto, la traición o la tensión del momento para poder crear. Así, varios textos ya han sido escritos sobre este específico conflicto, como Autumn de Ali Smith que explora las divisiones profundas de la sociedad inglesa y su relación con la inmigración.

Realidad nacional

Chile ha estado marcado por diversos procesos migratorios. En primer lugar está ligado a la colonización española, presente en la literatura colonial y en obras como “La Araucana” de Alonso de Ercilla, luego de países europeos como Inglaterra, Alemania y Francia, entre otros. Francisco Coloane por ejemplo retrata un cosmopolitismo de los márgenes en sus cuentos y novelas sobre la Patagonia y Tierra del Fuego, al abordar la codicia de los europeos y sus abusos sobre los indígenas.

Hace un poco más de una década, la inmigración contemporánea en Chile se ha intensificado, no solamente con migrantes provenientes de países fronterizos como Perú, Bolivia o Argentina pero también de otros países latinoamericanos como República Dominicana, Haití y Colombia sin olvidar los países asiáticos y europeos como España eludiendo los problemas económicos experimentados en dichos estados. Felipe Reyes en “Migrante”, Ramón Díaz Eterovic en “El color de la piel”; y Pablo Sheng en “Charapo”; representan estas inmigraciones más recientes y la interacción de estas nuevas culturas con un Chile todavía poco preparado para esta ola migratoria.

En estos retazos de escritura, donde muchas veces podemos encontrar matices hacia la discusión que se está levantando, podemos leer y experimentar la visión de otros sobre lo que conlleva migrar a países terceros. Combatir contra la discriminación, luchar contra las barreras idiomáticas, buscar un mejor espacio y la felicidad, sufrir la pérdida de la identidad y recibir un aporte cultural; son algunos de los rasgos que la literatura nos puede entregar y que sin duda hacen falta para generar mayor perspectiva en el debate que tendremos desde hoy en adelante.

 

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